Neolítico

A partir del año 4000 a. C., es cuando el clima se estabiliza y el hombre ya no tiene que vivir de forma errante buscando zonas dónde encontrar alimento y condiciones propicias para el asentamiento de la comunidad: es cuando el hombre adopta la vida sedentaria. Comienza domesticando animales y originando formas de cultivo. Sin embargo, el toro bravo no acepta el manejo del hombre y sigue siendo un animal salvaje e indómito. Así pues, el hombre adopta la caza del toro como un culto donde apela a su inteligencia y sapiencia para vencer las reacciones atemperadas del toro. Aquí quizás queden establecidas las primeras referencias del toreo. Pero volviendo al rito, comprobamos a través de las pinturas rupestres, cómo utilizaban pigmentaciones para atenuar las pasiones enconadas en busca de completar el rito mágico del toro.Las conclusiones de la Prehistoria afirman la existencia del Uro aquel al que Julio César definió con el nombre de Uro en la fauna del Neolítico, y más en concreto en cuevas de España y Francia. En nuestro país cohabitan en la región levantina, siendo el norte el lugar destinado para la reproducción del bisonte, otra raza selecta, que posteriormente desaparecería. Ahora bien, las razas de toros existentes solamente derivan del uro y no del bisonte, como en principio se creía.

Tras la fase atávica donde el toro queda conocido y clarificado se sucede la era de Tauro, una época donde la mitología cobra enorme impulso. Surgen toros legendarios (como el de Creta) e híbridos de leyenda (como Minotauro, mitad hombre, mitad toro). Resulta sugerente observar cómo en todas las culturas mediterráneas se tiene una creencia mágica acerca de las virtudes genéticas del toro. Los testículos son objeto que sacralizan la fecundidad de la mujer cretense, por tanto, se organizaban numerosos cultos religiosos y celebraciones festivas. Por tanto, podemos observar cómo en la mitología griega Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, que se forma fruto de la unión de un toro con Pasifae, esposa de Minos. Asimismo, el más famoso de los héroes de la antigüedad (Hércules) confluye tanto en la mitología griega como en la grecorromana participando en doce hazañas, de las cuales, la sexta consistía en dar muerte al toro de Creta, paradigma del tótem. Por otra parte, la cultura romana adopta el culto de origen persa del dios Mitras, un joven dios que sacrifica al toro primordial para hacer brotar al mundo.

Pero volviendo al Uro o toro primigenio, cabe aclarar que el toro actual es descendiente de éste. Según don José Ortega y Gasset, parece que el Uro desaparece durante la Baja Edad Media, si bien a principios del siglo XV aún perduraban en los bosques de Lituania, confinados en Polonia. El último eslabón conocido se pierde alrededor de 1627.

 

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