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Las ideas expansionistas
del imperio musulmán fueron cortadas de golpe en un interregno, donde el
Mare Nostrum (Mar Mediterráneo) queda colapsado en
su esplendor comercial que durante el imperio romano tuvo, donde se
producen tres fenómenos fundamentales. 1) El Feudalismo; 2) Las
Cruzadas; 3) El toreo a caballo y, con él, la conservación y
multiplicación del toro. En este punto estriba el avance del toreo.
Durante el período de entreguerras los guerreros de uno y otro bando se
entrenan en grandes torneos a caballo. La caballería, es el arma
fundamental, a la que hay que mantener a punto, pero la intención e
intensidad bélica es latente puesto que no se emplea "instrumental
taurino" para abatir toros bravos, sino que se alancean.
José Alameda
dice: "El toreo es español porque nace en España, pero nace de la
guerra. Pero cabe apostillar, que el toreo nace en España porque existe
el toro; y existe por la adaptación al medio, ya por entonces podemos
ver manadas de toros en zonas donde hoy en día ganaderos de estirpe
cuidan y seleccionan a otro tipo de toro".
La evolución durante la
Edad Media se sucede sin ningún orden preestablecido, es decir, no
podemos distinguir diferentes castas hasta que es en el siglo XVIII
donde quedan conformadas las castas fundacionales, que aun así conservan
vestigios de diferentes sangres. Por tanto, hasta el siglo XVIII no se
establece un control de selección, no se purifica la sangre; eso sí,
gracias a la destreza para las prácticas deportivas de nobles y
caballeros de la Edad Media, y gracias a personajes muy concretos
que mantienen y seleccionan al toro, se siguió con el hilo conductor
hasta que se estableció un tronco fundamental de castas que hoy perdura.
Así pues, hemos de darnos la enhorabuena por tener un animal autóctono y
de una morfología y tipología única.
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